martes, 6 de octubre de 2009

La Obligacion de escribir


La obligación de escribir.

Escribir bajo el estigma del Caín.


El primer beneficio, de escribir, es que aprendo a leer, tratando de comunicar todo lo que gestiono dentro de mi, me encuentro en los textos de otros escritores un sin fin de definiciones, tratando de concretar lo que formalizo como baúl cultural, encuentro en otros textos, palabras y frases que relevan conceptos y descripciones, que estimulan mi perseverar.

Cuando leo los textos antiguos, me digo, los griegos han dicho ya todos, lo que no dijeron es porque los textos se perdieron, o los perdieron ellos para hacernos crecer en nuestra pequeñez.

Así me di cuenta que yo escribo, después de una vida en la indagación de la verdad, buscando la vía que conduce a la sabiduría.

La Filosofía; como búsqueda de la verdad.

La Religión; como principio epistemológico.

Después que consigues la justa definición de la palabra, logrando su semántica original, indagando hasta el inicio de los tiempos para lograr su autentico significado, la enunciación que te da el entendimiento mas allá del período actual en la lejanía del futuro, de los tiempos ausentes en lo ya vivido.

Alcanzo también la evidencia que la verdad es un infinito, no alcanzable sino en pequeñas realidades, pequeñas porque son circunstanciales de espacio y tiempo.

¿Escribir para que?

Llenar estantes, de libros que después esconden a los maestros del pensamiento, a los tutores de la humanidad, las nuevas generaciones no tienen la claridad la orientación de quien en sus escritos daban una guía, una ayuda, para ir más allá del límite.

Hoy, hay tanta literatura que sepulta la verdad.

Para sentarme a escribir pasaron años, archivaba todo dentro la mente porque mis primeros escritos se perdieron, como hojas al viento en los días de otoño.

Mi voz interior me pedía que me sentara a escribir, ¿Pero que podía escribir? yo común mortal.

Podía acaso violar el templo de Sofía, las letras inmortales, de Platón, Heráclito, Séneca, Descarte, Kant.

Todos aquellos que con sus plumas delinearon el sonido, y definieron las concepciones que desarrollaron la gramática.

Por eso que mi vida fue errante, cegado por la emisión, la illuminosciencia la que posea el inicio y la formación del conocimiento, la luz que resplandece desde el eterno.

Años concebidos por la maestra vida, las época dadas a tu acción de formas empíricas de tu vivir, continua y sin descanso, sin saber que la amargura era un premio, el fracaso una aureola, la critica destructiva un elogio.

Años de soledad, hasta que la misma ausencia de la imagen te delineo, delimito, forjo son momentos en que no hay un parámetro de orientación, pero debes andar, hacia allá con certeza y convicción justamente por lo que no ves, lo que no puedes ni aferrar, ni palpar justamente prueba que la luz es interior.

Sé hasta donde veo, el resto me lo imagino.


Cuando todos te adversan a ti.
Cuando estas rodeado de tinieblas.
Cuando la tierra entera te gira en contra, y no importa que seas niño con la espalda marcada por cable de luz, o la cara hinchada a patatas y carajazos.

Cuando te duermes en un refugio de fortuna, con la ciudad que te pasa por delante, sin encontrarle sentido; porque la gente vive, ciertamente viendo el mundo detrás de una bolsa amarilla de cola, con el sonar ensordecedor del pitico continuo en las orejas, visiones de estrellas que explotan en galaxia distante, como astros vagantes en el vació universal.
La escuela que te enseña alineación de clase, violencia de sistema implícita sobre el educando, te inculcan razonamientos de adultos, la tarea de escribir cuando no tienes nada que decir, que es tanta la vivencia que no sale un punto y coma, sentimiento errados en conciencia autista.

El primo libro que leí, fuera de la educación formal, fue de aventura; Papillón, y tuve una reflexión: mira tú cuantas cosas se pueden hacer en la vida.

El segundo libro que leí fue el discurso del método, de Descartes; sustancia y método de quien configura el pensamiento humano en una ilación continua de reestructuración en un todo para alcanzar un infinito, aunque viví errante, en lugares distantes, lugares impropios los libros en mi mochila siempre tuvieron un lugar destacado.

Recuerdo así que una vez dijo el comandante Sol; La vida de un revolucionario, pasa por diferentes fases se inicia en un adoctrinamiento básico, donde el joven erige su moral y sus estructuras intelectuales, después pasa por la fase del anticonformismo, donde se forma su condición subversiva contra el poder establecido, luego se quita la mascara y va a la clandestinidad, redactando panfletos eversivo enmarcado dentro de ese romanticismo en la que se forma la teoría utópica de la sociedad ideal, el olor a tinta del batea (multígrafo), un amor efímero con una camarada entre el descanso en la lucha armada, condición única de ese sentir libre e indómito en que la violencia del estado impacta contra la voluntad autónoma del que se opone a ser condicionado, alienado.

De esa manera la cárcel es de obligación, donde se eleva a las formas única en que la tortura, templa su carne, patadas, cachazos, plan de machete, plan de peinillas, batazos, puñaladas a traición de parte de aquel que no sabe afrontar un hombre de frente, son momentos en que la vida, te continua a presentar tareas, y tu a cumplirla, no hay descanso para el hombre que tiene impreso en su frente; El estigma del Caín.

Si, sentarse a escribir por una obligación, pero pesa la mirada, no ves los estantes están llenos de libros, y yo ya no veo a los maestros, es solo letra muerta porque no ilumina el camino.

Vas adelante ciego, como el que no sabe, cuando el ácido explota dentro la mente fantaseando en miles de colores, y te reconoces dentro las experiencias adolescenciales Antiautoritarista, en que tu y otros como tu, medios soyados se enfrentan a los poderes de la tierra, que tratan de apoderarse de inmensos recursos, monopolizando medios de producción dejando a enteras poblaciones sin subsistencia, allí desarrollas tu conciencia autocrítica.

Vas y marchas en senderos de montaña aun no formados, entonces te interrogas; ¿Es allí el limite?

No, es solo el non logo, (ni tiempo/ni espacio) y te ves andando, marchando entre abandonos, y traiciones,

¡Pero tú no!

Tú, estas con los maestros que forjaron las virtudes, y debes mantenerte en pie, caminar erguido en medio del perjurio, solo para sentir cuán fuerte es un ideal.

Volteas atrás y ves tú propio recorrido, marcado con signos indelebles de lo que signa, un largo camino del si mismo, te hace sentir cansado, el triple en edad, quisieras gritar;

¡¡¡Basta!!!

Pero no puedes, ves adelante casi al confín del horizonte un infinito, es mucho lo que falta, tú cuerpo esta lleno de cicatrices, tú alma lacerada.

La vida es tacita, a ti no te va hacer descuento, esto es implícito.

Solo por el designo en forjaras letras, escritura que el polvo del tiempo guardara para los eventos póstumos.

Después llega el invierno, el riachuelo hiela, su sonido que abre al paisaje mágico se cristaliza, el anciano que vive en la montaña mas allá del tangible, es inaccesible en esta época, no hay con quien comunicar.

Entonces te sientas, tu mano empuña la pluma, extiende el papel, los canales de comunicación se abren, y la escritura se forma así misma, lo que tenias que decir estaba escrito en si mismo, dentro de ti desde el inicio de los tiempos, es mas antes que ellos se formaran...

Pero las manos que son un vehículo, son formadas en mil experiencias, son forjadas como el acero, son seguras de lo que dicen, una palabra diseñada ha un significado que trasciende, coordenadas justas, al encuentro en lugares aun no configurados donde la luz es ausente, sin concordar aún el tiempo y al espacio, en viceversa sustrae definiciones en áreas mentales aun no colonizadas por el establecimiento por ende libre del condicionamiento socio-cultural.

Lo sabes tú, solamente tú y la maestra vida, que ya no te impone tareas.

Solo la obligación de escribir, aunque tú insistes; los estantes están llenos de libros, esta todo dicho, tendremos que derribar mas árboles, para hacer más papel.

Porque para un escritor la tinta y el papel es consagrado a Sofía, no se puede diseñar encima de un papel cualquier pendejada, escribir es un noble arte.


¿Pero quién puede leer?

De esta manera DIOS llamó a Moisés apartándolo sobre una montaña, y le dicto; claro un dictado, por esa razón no puede ser profano, un libro es Sagrado, un libro inspirado a Sofía, es lo que nutre nuestra civilización.

¿Quién lo leerá entonces?
¿En que lugar será conocido?
¿Que te pueden decir tus contemporáneos?

Eso no tiene importancia, porque la verdad es una, inmutable en el tiempo y en el espacio, podrá yacer en el fondo de un baúl por siglos, esperando su momento histórico, hasta que aquel día avendría.
¿Puedes ir detrás de un premio o alimentarte el ego?

¿Para eso pediste conocimiento a los maestros, para eso pedisteis a los profetas de desvelar el misterio del absoluto?

No se puede ir, detrás de las palabras de hombre.

Entonces luego escribiré, porque escribo existiré.


Sustraído del diario de Arquímedes de razón unilateral,
para atrapar el sonido e incidirlo sobre papel en letra viva.

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